Lorca comienza a tapar sus grietas dos años después de los terremotos

  • En 24 meses se han producido pocos avances en la reconstrucción
  • Ahora, se inician varios trabajos en viviendas e infraestructuras
  • Se presenta un plan de 533 millones para reactivar la economía local
  • Los afectados denuncian que la mayor parte de las ayudas no ha llegado

Hace dos años, a Lorca se le escapó la vida por las grietas que dejaron dos malditos temblores de tierra, que en una nefasta tarde de mayo mataron a nueve personas, hirieron a otras 324 y devastaron una ciudad que, desde entonces, busca la manera de volver a ser lo que un día fue.

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Los seísmos son habituales en el sureste de esta Península Ibérica, pero los de aquel 11 de mayo de 2011 sacudieron demasiado unos edificios preparados para lo malo, pero no para lo peor: dos terremotos a muy poca profundidad (apenas 1.000 metros) y de una magnitud considerable. Dos sacudidas breves, pero mortíferas.

El 25% del comercio no ha vuelto a abrir; los dos institutos están sin reconstruir; las viviendas, sin arreglar; los fondos comprometidos siguen sin llegar…

Inesperadas, pero imborrables en la mente de los lorquinos, que tienen grabado con fuego el recuerdo de aquellos escasos segundos que arruinaron su ciudad.

El primer terremoto, a las 17.05 horas, tuvo una magnitud de 4,5 y provocó las primeras alarmas en Lorca, que se echó a la calle temiendo que pudiera venir algo peor. Que llegó. A las 18.47 horas se produjo el segundo seísmo, de magnitud 5,1, que terminó por resquebrajar la mayoría de los edificios de la ciudad y dejó para la historia televisiva las dramáticas imágenes de los campanarios de las iglesias viniéndose abajo en directo.

El panorama en los siguientes días fue dantesco. Los edificios de Lorca parecían botellas de cristal resquebrajadas y a punto de estallar, con grietas que los recorrían en todas direcciones. Miles de personas se agolpaban en las calles y en los improvisados campamentos, muchas de ellas arrastrando sus pertenencias hacia un rumbo aún sin fijar.

Los técnicos recorrían uno a uno los edificios, marcando con cruces negras y rojas todos los que debían ser derribados sí o sí, que eran muchos. Y de regalo, un desfile de políticos y autoridades, que con unas elecciones 10 días después compitieron por ver quién era el más rápido en acudir a solidarizarse con el pueblo de Lorca.

[foto de la noticia]

Muchos comercios no han vuelto a abrir. Calle Corredera, centro neurálgico de Lorca | Javier Adán

Un balance demoledor

Pasada la fiebre inicial, el balance fue incluso peor de lo que rezaron los titulares de los primeros días: el 72% de las viviendas resultaron afectadas y 1.500 tuvieron que ser demolidas; el 75% del comercio tuvo que echar el cierre; se perdieron infraestructuras básicas, incluidos el principal centro de salud y dos de los seis institutos; el patrimonio artístico sufrió daños millonarios… Hasta la mayoría de las señales de tráfico quedaron inutilizadas, haciendo imposible la circulación.

“Se pensaba que Lorca estaba abocada a convertirse en una ciudad fantasma, abandonada, olvidada, perdida en el mundo”, ha dicho el alcalde, Francisco Jódar, en alguna ocasión.

Por si fuera poco, Lorca sufrió una serie de riadas en septiembre de 2012, que provocaron tres muertos y terminaron por arruinar lo que hasta entonces se había salvado y era el principal sostén económico de la región: el campo, la huerta lorquina, con pérdidas cuantificadas en decenas de millones de euros.

Hoy, la situación aparece un poco menos desastrosa y desde el Ayuntamiento se detallan todos los edificios que se encuentran en reconstrucción y todas las inversiones que se hicieron, se hacen y se harán. Pero lo cierto es que el aspecto de Lorca dista mucho de ser el de una ciudad normal.

“Mucha gente está viviendo de la caridad, gracias a sus familias o sus amigos”

El doble azote de la crisis

Miles de personas han dejado su Lorca de toda la vida, algunas por haber perdido su vivienda y otras por la depresión económica en la que se encuentra la ciudad, que ofrece unas posibilidades más que limitadas de obtener un empleo. Los cálculos más optimistas hablan de un éxodo de entre 2.000 y 3.000 personas, además de los 1.000 lorquinos que continúan desplazados fuera de la localidad, y es muy probable que sean bastantes más.

En las calles, las cicatrices de los seísmos son aún bien visibles, tal y como relatan los propios lorquinos. Donde antes había un café concurrido, hoy hay un local vacío. Donde prosperaba un pequeño restaurante, hoy hay una luz eternamente apagada. Donde estaba el instituto en el que tantos lorquinos pasaron su adolescencia, hoy no se ve más que un solar. O dicho con la frialdad de los datos: el 25% del comercio no ha vuelto a abrir, los dos institutos que tuvieron que ser derribados están aún sin reconstruir, las viviendas están sin arreglar, los fondos comprometidos siguen sin llegar…

Un difícil vagar por las ruinas del cataclismo en el que la crisis ha jugado su propio papel. En efecto, los terremotos no sólo fueron demoledores, sino que vinieron a agrietar la ciudad en el peor de los momentos posibles: mayo de 2011, en plena crisis económica y con las administraciones a cero.

En el Ayuntamiento aseguran que ahora se han acelerado las cosas y que el dinero va a empezar a llegar de verdad.

Hace pocos meses, el alcalde, Francisco Jódar, lo explicaba en una rueda de prensa que dio en Madrid para pedir a la sociedad que no se olvidara de Lorca: “Las dificultades económicas hacen que todo sea más difícil”. Y ponía como ejemplo el Plan Galicia, que se montó en 2003 para paliar los efectos del vertido del Prestige y que se dotó con 12.500 millones de euros. Entonces sí había dinero. El Plan Lorca que se elaboró en 2011 se cuantificó en 1.650 millones, y ni siquiera llegó a aprobarse.

Ayudas que nunca llegan

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Juan Carlos Segura pone palabras a todos los datos e imágenes. Es el portavoz de la Asamblea de Vecinos de Lorca Afectados por el Terremoto y dispara contra los responsables de gestionar unas ayudas que nunca llegan. Según cuenta, se presentaron 17.000 solicitudes, la mayoría para los tres principales conceptos (reconstrucción, reforma y alquiler), pero casi todas o se han rechazado o no se han tramitado.

“En el mejor de los casos, hay personas que han cobrado cuatro meses de alquiler, y ya han pasado 24 desde el terremoto”, dice. Entiéndase: son personas que perdieron sus casas y que desde entonces viven de alquiler. “Mucha gente está viviendo de la caridad, gracias a sus familias o sus amigos”, asegura.

Lo mismo relata de otros ámbitos de la vida de Lorca, como la educación. Remarca que los dos institutos que se perdieron aún no se han reconstruido y que los “1.200 alumnos afectados” están dando clases en otros centros, donde se han habilitado “comedores, gimnasios y hasta cuartos de baño”.

Con todo, en el Ayuntamiento los responsables políticos son optimistas. Dicen que el año pasado hubo un momento de cierto pánico cuando, pasada la solidaridad inicial, parecía que todo el mundo se había olvidado de Lorca y que jamás se lograría reconstruir la ciudad. Pero aseguran que ahora se han acelerado las cosas, que el dinero va a empezar a llegar de verdad y que las grietas comienzan a cerrarse definitivamente.

Un soplo de optimismo

Para los próximos meses se espera que se reedifiquen 21 edificios y 25 unifamiliares, lo que supone 411 viviendas en total. Los dos institutos perdidos estarán de nuevo en pie. Abrirá sus puertas el Teatro Guerra y se reformará al fin el Palacio de Guevara. Se han recolocado 2.400 señales de tráfico que habían desaparecido. Incluso parece que repunta el turismo y cuentan que en Semana Santa tuvieron 285.000 visitantes. Y este mismo jueves, se presentó un plan de reactivación de la economía en el que las administraciones se comprometen a invertir 533 millones en los próximos siete años, hasta 2020.

“Cada semana se instalan nuevas grúas. Cada semana hay actos de primera piedra. Cada semana se vallan solares para comenzar a construir”, dijo Jódar en un reciente Pleno municipal. Y eso que “se pensaba que Lorca estaba abocada a convertirse en una ciudad fantasma, abandonada, olvidada, perdida en el mundo”. Y no ha sido así. O no del todo. O no definitivamente. Aunque queden muchas cosas por hacer.

Aunque muchos se hayan ido y algunos no piensen volver a ese sitio en el que una vez se agitó la tierra y se arruinó todo. “Han pasado dos años y Lorca está viva”, gusta decir el alcalde a todo el que le pregunta. Que así sea. Y que la tierra no vuelva a temblar como lo hizo hace dos años.

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