Lorca, dos años eternos

Es difícil borrar aquellas imágenes de campanarios y edificios colapsando, gente corriendo sin saber a dónde ir, ambulancias y destrucción

Lorca, ciudad contemporánea, nos despertó aquel día de hace hoy dos años con el terremoto más mediático de Europa de todos los tiempos, es difícil borrar aquellas insistentes imágenes de campanarios y edificios colapsando, gente corriendo sin saber a dónde ir, ambulancias y destrucción. El aviso previo del terremoto premonitorio de 4,5 dos horas antes llenó las calles de cámaras y ciudadanos asustados, algunos estaban en plena entrevista cuando se desató el infierno en forma de una ola que se vio venir oscilando por el este, su fuerza no era mucha, 5,1 grados.

Aún así se ensañó con la ciudad y con sus ya asust

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ados ciudadanos. Las cámaras estaban preparadas, todo quedó grabado: nueve víctimas, cientos de heridos, un patrimonio arruinado. Santa María de las Huertas la joya barroca con su campanario estallando, San Mateo, su espadaña casi aplasta a varios cámaras y periodistas, el convento de las clarisas colapsado, Santiago hundido, San Francisco destrozado, San Patricio (patrón de la ciudad) decapitado, la mayor densidad de barroco europea, un tesoro sin par arruinado. La Viña y San Fernando irrecuperables. Sectores económicos aún no levantan cabeza, algunos no lo harán en años, otros nunca lo conseguirán. La segunda comarca más grande de España paralizada meses enteros.

¿Por qué tanto daño? ¿Quién paga un coste tan elevado? Algo no hemos hecho bien. Es verdad, Lorca nos despertó de nuestro letargo de décadas, nos recordó otra vez que vivimos sobre una tierra que cada vez que se estremece es capaz de matar, herir, arruinar ricos patrimonios, paralizar sectores productivos en comarcas enteras…

Dos años después la realidad es bien triste, prácticamente está todo está por hacer, el Plan Lorca aún sin acabar de definir, dos legislaturas y siempre evoluciona a la baja, los políticos una vez más son el gran obstáculo para la resiliencia. La avenida de las promesas incumplidas en La Viña nunca será olvidada, allí el oro y el moro afloraban las vísperas de elecciones. Pero la realidad que hemos querido edificar es tozuda y cruel, los solares ya vacíos aún pasan factura en forma de hipoteca allí había bloques enteros, pero lo peor: los desahucios también existen en Lorca, la aberración de un sistema que ya no tiene nombre expulsó a ciudadanos de sus ruinas, no podían pagarlas. Dos años después y algunos dirigentes aún no se han dado cuenta de que no era un problema de ayudas, sino de infraestructuras, de falta de resiliencia.

Mucho que aprender

Europa entera tiene mucho que aprender. Chile después de su terremoto de 8,8 grados en 2010 había recuperado su actividad económica en menos de un mes. Guatemala salió muy airosa del terremoto 7,4 de noviembre. México ni siquiera sufrió víctimas en 2012 con dos terremotos de verdad y nos dio una gran lección. Europa es diferente, se ha quedado atrasada y abúlica. L’Aquila aún conserva casetas provisionales y han pasado ya cuatro años, Emilia está consternada, Lorca indefinida.

La ciudad contemporánea europea ha confiado su seguridad sísmica a unas normas de construcción cambiantes, los arquitectos creen que esa labor es de los ingenieros estructurales, y éstos que son ellos a través de esa normativa los que paliarán los daños, los urbanistas no tienen voz, la ciudad es un todo, no un conjunto de piezas regulables, sin embargo la experiencia nos lo enseña: esas normas no han sido, no son y nunca serán suficientes.

Las configuraciones urbanas se habían descuidado, el verdadero escenario del sismo no son sólo las piezas del sistema o edificios, es la ciudad, las plantas bajas abiertas esperando la peluquería o la farmacia que nunca llegó resultaron letales, las irregularidades en planta y en alzado, los elementos sueltos, chimeneas, lucernarios, antepechos, vuelos…, mataron a una ciudadanía analfabeta en comportamiento sísmico que huyó despavorida.

Los informes que elaboramos los técnicos que apuntan a esos daños son los mismos cada vez que un terremoto sacude Europa, y volvemos a reportar siempre los mismos detalles. ¡Hay tanto por hacer! La propuesta de un centro pionero de la cultura sísmica europea que abarcase y fuese solucionando todos estos aspectos a nivel de enseñanza superior, un modelo para toda Europa en Lorca, presentado en septiembre por quien suscribe incluso con parque temático, aún espera en los cajones de las administraciones.

Hacia un nuevo urbanismo

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¿No se ha entendido en dónde vivimos? La normativa vigente aún está sin revisar, la comisión encargada todavía no se ha reunido, pero ya se vislumbra una convergencia con nuestros vecinos del norte. Francia publicó su moderna y completa normativa diez días antes de esos terremotos, sus expectativas triplicaron las nuestras. ¡Una exageración! apuntaron algunos técnicos que hoy se desviven por borrar aquellas críticas de la web. Pero la infalible realidad se triplicó en Lorca. El urbanismo sobre un suelo tridimensional y no como en el siglo XX sobre plano ya no puede esperar más, la pedagogía de la población ni siquiera se ha consolidado, hoy pasaría lo mismo; los elementos no estructurales sueltos aún no están contemplados en las muchas zonas propensas a temblores, en el sur y el sureste, en las zonas pirenaicas o insulares, un conocimiento dinámico del terreno sobre el que construimos es la clave del éxito.

Lorca despertó también a otras localidades con aquel segundo terremoto de 5,1 grados, pues puso en evidencia la seguridad sísmica de otras ciudades contemporáneas españolas y europeas. Aquellas que hayan olvidado su pasado, que hayan caído en la amnesia sísmica corren el mismo peligro o más, sobre todo si saben que viven cerca de una de tantas fallas dormidas (o no tanto). Los historiadores deberán ser recuperados para hacer normativa urbana, ha sido la gran apuesta del país más tecnológico del planeta, son la baza japonesa después de lo de Fukushima y también la italiana después de lo de Emilia. La cultura salva vidas. Hemos pagado un precio ya muy alto por haberlos expulsado del sector, no podemos arriesgarnos más. Una comunidad que olvida su pasado está en peligro y puede estar condenada. ¿Quien calcula el riesgo sin datos importantes del pasado? y peor aún ¿quién pagaría un precio tan alto?

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