El negocio del sexo

La industria del sexo, que incluso cotiza en bolsa en algunos mercados extranjeros, continúa generando grandes beneficios, pese a la recesión económica. La prostitución que se ejerce en locales, chalets y apartamentos privados es la punta del iceberg de un negocio considerado el más lucrativo del mundo.
La zona del puerto deportivo José Banús, en Marbella -la joya de la corona- concentra la práctica totalidad de la oferta sexual de alto standing de Málaga. A solo unos kilómetros, en la Milla de Oro, se localiza uno de los clubes de alterne más conocidos, Milady Palace. Pero ésta no es la única opción. Internet recoge el perfil de cientos de acompañantes de lujo a domicilio, como Ruth, de 27 años, que pide por solo tres horas 700 euros. Sus servicios pueden solicitarse a través de la agencia chicasdiamante.com.

En la cima se sitúan las chicas disponibles en vipescortsmarbella.com. Pasar una “velada romántica” con ellas, aunque sin sexo, tiene un coste de 500 euros (taxi aparte), que asciende a los 1.200 en caso de que la cita se prolongue nueve horas. Otra de las alternativas es marbellaescortsluxury.com, que ofrece, según el portal, “el círculo más exclusivo de contactos de la Costa del Sol” con apartamentos para recibir a los clientes, que pueden disfrutar de una “selecta galería de escorts, seleccionadas a través de exigentes cánones de belleza”.
En otros puntos de la provincia sobreviven clubes más modestos como Selecta, en Torremolinos, Estark 92, en Fuengirola, o S’candalo, en la capital.
El escenario lo completan las profesionales que alquilan su cuerpo en la vía pública, modalidad que está sufriendo en mayor medida los embates de la crisis, lo que ha provocado gran rivalidad entre las más de 300 meretrices que ocupan a diario los alrededores del polígono Gualdahorce.
Daniela, secretaria de la asociación de mujeres transexuales y travestis trabajadoras, subraya que, aunque la demanda sigue siendo elevada, las multas por ejercer en la calle dificultan su trabajo. “Hay muchos clientes asustados. Nos tiran del coche cuando ven venir a la Policía. Si estamos en una esquina no hacemos daño a nadie”, se lamenta.
Esta prostituta, de 35 años y madre de un niño, cuenta que ofrecer sexo le permite ingresar entre 25 y 40 euros por servicio y que sus ingresos mensuales rondan los 1.500 euros. “Hago descuentos a los clientes fijos porque acuden dos o tres veces por semana”, agrega.
Las exigencias son difíciles de rechazar cuando la deuda contraída con el proxeneta se convierte en una herramienta de extorsión: “Conozco a chicas de 18 años muy inocentes que tienen que decir sí a todo para pagar su casa. El mercado es muy competitivo y nos come. Hay que llegar a un acuerdo con el cliente para que no atente contra nuestra salud”, apostilla Daniela.
Pero la prostitución es solo uno de los múltiples negocios que el sexo genera en España. El sector no ceja en su empeño de atraer a la población -eminentemente masculina-, que pese a la crisis galopante se muestra contraria a renunciar a ciertos placeres. Eso explica que cada vez más emprendedores opten por las tiendas eróticas, un sector en auge que, a su vez, se ve favorecido por la constante evolución cultural.
Raquel Benito apostó hace apenas un año por Fantasía Infinita y no cree haberse equivocado. “Pensé en este negocio porque siempre vende, sobre todo en la época actual, en que hacen falta artilugios sexuales. Hay cosas que no dejan de ser necesarias para las relaciones, como las bolas chinas”, afirma la propietaria del local, convencida de que la gente “sigue queriendo innovar”.
Los datos avalan su teoría. Mientras la angustia protagoniza las consultas de los sexólogos con pacientes que admiten falta de deseo, los ingresos de la industria erótica se incrementan. Juan Manuel, dueño de La Tentación, es otro de los empresarios que se aventuró hace cuatro años a probar suerte con la venta de productos ligados al sexo. Su éxito estriba en “conocer el sector y creer en lo que hace”, aunque la competencia desleal y la subida impositiva le están perjudicando.

Las ventas han estallado con el fenómeno Christian Grey, cuya trilogía arrasa entre millones de mujeres. El aumento en la demanda de artículos eróticos no se ha hecho esperar en la mayoría de los negocios. Desde patitos que, con vibrador incorporado se proponen ser “el amigo más fiel en la bañera”, hasta fustas azotadoras para compartir en pareja.
La situación económica ha provocado que de la represión se haya pasado a un sexo más explícito, capaz de seducir al consumidor. Las reuniones tuppersex son un ejemplo de ello. “Creo que en cierto modo la crisis nos ha beneficiado porque vendemos productos para usar en casa. La gente ya no sale tanto y tiende a disfrutar más de su intimidad”, cuenta Isabel Parra, asesora de SexyMálaga, que asegura que las mujeres, cuanto más mayores son, más abiertas se muestran. “Hablan de sus experiencias y pasan un rato agradable. Se crea un clima íntimo mientras mostramos los productos, que oscilan entre los 4 y los 70 euros”, detalla Parra.

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