‘¡Vamos a empezar una guerra en Londres!’

Ingrid Loyau-Kennett, madre de dos hijos y líder de la organización infantil Cub Scouts, iba de camino hacia Parliament Square en el autobús número 53 cuando observó la truculenta escena del soldado asesinado en el sur de Londres, pensando en principio que se trataba de un accidente de tráfico y conversando con pasmosa tranquilidad con los asesinos.

Las autoridades han confirmado que el hombre asesinado es un miembro de las Fuerzas Armadas.

Así narró Ingrid Loyau-Kennett lo sucedido en declaraciones al diario britanico ‘The Guardian’: “Pude ver claramente un cuerpo en la carretera junto al coche accidentado. Yo tengo preparación en primeros auxilios, así que fui a ver si podía ayudar. Vi a una mujer que que estaba sentada junto al hombre tendido e intentaba ayudarle poniéndole algo bajo la espalda y una chaqueta bajo la cabeza. Intenté tomarle el pulso, pero no lo encontraba”.

 

‘No sentí realmente nada en ese momento. No me asusté porque no le veía borracho, ni estaba bajo el influjo de drogas. Era alguien normal’

“No pude ver su rostro, pero no observé ninguna evidencia que pudiera sugerir que alguien había intentado contarle la cabeza. Tampoco vi nada que permitiera identificarle como un soldado”.

“Entonces vi a un hombre negro, con una pistola en una mano y un cuchillo de carnicero en la otra. Le veía muy nervioso y me dijo que no me acercara al cuerpo del hombre. No sentí realmente nada en ese momento. No me asusté porque no le veía borracho, ni estaba bajo el influjo de drogas. Era alguien normal. Pude hablar con él y él quería hablar con alguien, y eso fue lo que hice”.

‘Furioso’ con el ejército británico

Apenas cinco minutos habló Ingrid Loyau-Kennett con uno de los asesinos, y con sangre fría le preguntó que por qué había asesinado a un hombre… “Me dijo que le había matado porque era un soldado británico que había matado mujeres y niños en Irak y Afganistán. Estaba furioso por lo que había hecho allí el ejército británico”.

En ese momento, Ingrid Loyau-Kennett vio un reguero de sangre en el asfalto, proveniente del cuerpo sin vida del soldado asesinado. Aun así, fue capaz de seguir charlando con el asesino y preguntarle qué pensaba hacer: “Me dijo que iba a empezar una guerra en Londres, y que iba a intentar matar a los policías si venían a por él. Le dije que era solamente él contra mucha gente, y que iba a terminar perdiendo si hacía eso”.

“Entonces me dirigí al otro hombre, que parecía más tranquilo y tímido. Le pregunté qué iba a hacer, y me dijo que no iba a seguir adelante. En ese momento empezó a rodearnos mucha gente, pero yo no quería que se asustara o se sintiera agitado. Seguí hablando con él para mantenerle ocupado”.

“En ese momento vi que el autobús en el que venía empezó a arrancar. Sabía que la policía estaba al caer. Le pregunté si había algo más que podía hacer por él y me dijo que no. Volví al autobús y al cabo de diez segundos, según nos alejábamos, oí a alguien gritar que nos agacháramos. Vi llegar el coche de policía y a dos agentes saliendo. Los dos hombres negros salieron corriendo y creo que les dispararon en las piernas”.

“Había mucha gente gritando en el autobús. Yo no me asusté, a pesar de los disparos. Vi al hombre con el sombrero negro malamente herido. El autobús nos dejó después en mitad de Lewisham, lo cual me causó gran contrariedad porque no sabía cómo llegar a Parliament Square… Creo que ayudé a controlar la situación y a prevenir males mayores. Y me sentí bien poco después, aunque imagino que el ‘shock’ me llegará pasado un tiempo”.

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