EL PORNO A VALENCIA

VALENCIA. En un texto sobre la industria del porno, el que escribe siempre tiene dos posibilidades: inclinarse por elegir metáforas sexuales o no hacerlo. Por ejemplo, decir que el Salón Erótico llega por primera vez a Valencia tras varios gatillazos. O, por el contrario, comentar que la empresa Profei, gestora del Salón Erótico de Barcelona, ha encontrado por fin un lugar en el que estrenar su versión valenciana, que abrirá las puertas el próximo 6 de junio hasta el 9 en Feria Valencia.

La promotora catalana de ferias Profei, también dedicada a ferias sobre geriatría, y que en 1999 asumió la gestión del ruinoso Festival Erótico de Barcelona hasta hacerlo rentable, buscaba desde hace algunos años aplicar la fórmula en Valencia, donde, según los organizadores, existe una ingente cantidad de fieles a la causa. Los problemas entonces radicaron en la dificultad para dar con 5.000 metros cuadrados disponibles donde montar un “parque temático” del porno y el erotismo. Feria Valencia, la sede idónea, se cerraba en banda. Hasta que, básicamente por necesidad y tras una brusca reducción de sus tarifas, han certificado el alumbramiento.

El director del certamen, Paco Gisbert, imagina la cita como un nuevo punto neurálgico en la historia ‘artísticosexual’ de Valencia, tomando el relevo a algunos enclaves que el propio Gisbert enumera: el local pionero frente a los antiguos cines Aragón, “donde compraron un proyector para poner escenas porno a principios del siglo XX”; el teatro Alcázar, en el que durante los años 50 y 60 “triunfaban las piernas a lo Tania Doris“; la sala X de la calle Cuenca, que al calor de los 80 estrenó ‘El diablo en la Señorita Jones‘, “en cartel todo un año, con gente haciendo cola en todas las sesiones”; o el cine Jerusalén, escogido por la Cartelera Turia para organizar espectáculos en vivo.

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Objetivo: superar a Barcelona

Al margen de leyendas veladas y literatura sicalíptica, el Salón Erótico servirá de expositor para una industria, la del porno, que -poca broma- en España mueve al año alrededor de 400 millones. Gisbert explica que el objetivo, aprovechando la ebullición del estreno, es superar los 20.000 asistentes. Al de Barcelona acuden 15.000.

Tendrá 14 escenarios, “actuaciones en directo“, asesoramiento sexual, homenajes a Nacho Vidal y Cicciolina… Y contagiará al centro de Valencia desde el 1 de junio con exposiciones, menús en varios restaurantes, debates en el Centre Octubre en torno a la situación del negocio X en el país, o proyecciones de cintas con posterior cinefórum.

Más allá de su identidad como “parque temático del sexo“, es un proyecto a largo plazo al que su director quiere diferenciar dándole una pátina cultural y mostrando la vertiente más intelectual.

Gisbert, el gurú diferente

Esa misión es una constante en la vida del valenciano Paco Gisbert, un funcionario reconvertido en periodista y finalmente en gurú del porno español, empeñado en reivindicar la vertiente cultural del cine explícito y tratarlo con la normalidad de cualquier otra disciplina artística. Su caso es también un ejemplo de como, en ocasiones, la especialización total abre puertas.

Licenciado en Filología Hispánica, acabó ganándose una plaza como funcionario de la Administración casi sin pretenderlo: “Mi padre me engañó. Yo quería escribir pero me convenció para que trabajase por las mañanas y escribiese por las tardes”. A principios de los 90, cuando apenas sabía de cine porno ni tenía interés por ello, una renuncia supuso el principio: “Un amigo hacía críticas de cine X en la Cartelera Turia, pero a su mujer no le gustaba. Me pidió que lo hiciera yo y…”.

Gisbert comenzó una investigación exhaustiva al punto de convertirse en una biblia andante. En el año 2000, Miguel Mora en el País lo presentaba así: “Firma como Frank Lasecca, con seudónimo, al mejor estilo de las estrellas porno, pero se llama Paco Gisbert, y sus atributos son la cinefilia, el sentido del humor y un pedazo de archivo”.

Salvo en el rol actoral, Gisbert -emigrado hace dos años a Barcelona- ha tenido protagonismo en casi todas las facetas del porno español. Experto en cine erótico de Interviu, presentador en La Sexta de un espacio sobre las mejores películas del género, guionista, y, sobre todo, divulgador.

En un hecho simbólico de la relación entre el porno y el cine convencional que él mismo enarbola, también ha sido programador del Festival de Cine de Málaga y, hasta que desapareció, jefe de programación de la Mostra de Valencia. Además de escribir de cultura y fútbol en distintos medios.

Durante la conversación desliza historias como quien se atusa el pelo. Por ejemplo la de la aguerrida Laura Levi, una italiana que trabajaba en un restaurante de Florencia junto a su marido hasta que éste sufrió un accidente que le dejó en silla de ruedas. A raíz de aquello Levi acabó convirtiéndose en la primera estrella italiana del cine explícito. Su marido la acompañaba en cada rodaje y miraba desde fuera.

“El cine porno ya no existe en España”

Sobre el cine porno en España, Gisbert habla más en pasado que en futuro. “En España ya no se hacen películas porno”, comenta antes de abrir una nueva ráfaga de titulares: “La industria se ha quedado sin argumentos que la diferencien del vídeo casero”, “antes se grababan películas, ahora sólo escenas”, “ya no se pretende trascender las fronteras del porno”. Explica el cambio de identidad en la industria como un descenso de las aspiraciones: “Hace unos años, directores, actores y actrices te decían que querían acabar trabajando en el cine convencional. Ya no te lo dicen”.

Las productoras, tras la casi desaparición del DVD y el cambio de formato, graban escenas rodadas en pocas horas, destinadas a internet. Son empresas principalmente dirigidas por especialistas en posicionamiento web, que “apuestan más por la cantidad que por la calidad”. La principal veta de negocio, sin embargo, se encuentra en la prolongación personalizada de las actuaciones de las actrices: el sistema de pago por webcams porno.

Engarzando con el lema del salón erótico de Valencia (‘Tu sexo no está en crisis‘), Paco Gisbert enuncia que “el porno nunca está en crisis; lo que está en crisis es el cine porno“. Fin de la escena.

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