Sexo sin protección, una moda muy polémica

Su ciberapodo en un sitio de contactos gay es GuzmanFreeSex y ahí cuenta que le encanta el sexo “sin límites”. Aclara que no busca el amor de su vida ni amigos, sólo sexo. Y resalta en mayúscula “a pelo”. También dice que no sabe si es VIH positivo o negativo, lo cual puede ser cierto porque muchos deciden no hacerse el análisis; o no, ya que hay seropositivos que prefieren no blanquear su condición.

Como sea, este chico es uno de los tantos practicantes del bareback , término inglés compuesto por bare (desnudo) y back (parte trasera) y que el colectivo gay adoptó de los rodeos -donde alude al montaje sin silla- para referirse al coito sin protección. Esta práctica, llamada también “sexo a pelo”, implica la atracción por el sexo sin importar el riesgo de contraer o contagiar el VIH u otras infecciones de transmisión sexual (ITS). La cara más polémica de la sexualidad del siglo XXI.

El bareback surgió entre los homosexuales de Estados Unidos y Europa a fines de los 90, cuando los tratamientos antirretrovirales convirtieron al letal virus en una enfermedad crónica; y no tardó en extenderse entre los heterosexuales. Sin embargo, reducir las causas a un menor temor al VIH sería un error. De hecho, muchos de sus adeptos sostienen que lo hacen para “sentir más” porque les “molesta” el preservativo. Para el psiquiatra y sexólogo Adrián Sapetti, ese argumento no es creíble. “Puede ser que no sientan exactamente lo mismo, pero arriesgar la vida por algo más de placer habla de gente que tiene serias dificultades para diferenciar goce de riesgo”, explica.

[chica%2520bella%255B2%255D.jpg]No extraña entonces que también se asocie al bareback con quienes viven desenfrenadamente, sin pensar en el futuro. Como algunos portadores que por creerlo todo perdido no temen a posibles reinfecciones. Así lo expresa un chico en un portal exclusivamente bareback: “El sexo es más importante que la supervivencia”. U otro que recurre a una frase de James Dean: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”.

Pero ésta no es la única expresión del sexo inseguro. También están los que prescinden ocasionalmente del condón por simple excitación. César Pagliacci, coordinador de un taller para gente con VIH de la Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina (Sigla), señala que “el número de homosexuales que no tiene incorporado el preservativo en sus relaciones es importante porque el tema va mucho más allá del descuido adrede”. Coincidentemente, Rubén Marone, psicólogo y dirigente de Nexo, otro grupo abocado a la lucha contra el VIH/sida, manifiesta que el bareback “no es tan habitual”, pero admite que “hay muchas otras personas que no usan preservativo”. Por ejemplo, quienes ya se conocen y se tienen confianza, quienes pese a no conocerse se dejan llevar por una apariencia saludable o porque simplemente gustan del otro, y las parejas que asocian relación estable con prevención, aunque en el plano sexual no siempre prima la fidelidad. Según Sapetti, estos casos “encarnan al omnipotente que piensa que por hacerlo con una sola persona o pocas, o cada tanto, no le va a pasar nada malo”.

La Web, un ámbito propicio

Que Internet es un ámbito propicio para la búsqueda de sexo inseguro lo confirman varios foros, como uno de Yahoo Argentina donde se define al bareback como “una elección de vida”. Allí, en una encuesta entre sus suscriptores, el 50% dijo ser seronegativo, el 45% positivo con carga viral indetectable y el 5% afirmó no saberlo. Consultados sobre si les interesa la serología de los demás, sólo el 30% contestó que sí, mientras que el 70% restante se dividió entre “sé del riesgo pero es más fuerte la calentura” (35%), “no se pregunta” (15%), “si hay positivos da más morbo” (10%) y “me es indiferente” (10%). Estas cifras condicen con numerosos testimonios en distintos sitios web y chats telefónicos. “Empecé hace poco y por ahora soy negativo, aunque sé a qué me expongo”, reconoce uno. “Ése es el morbo, ¿no?”, corrobora otro. Una suerte de nueva ruleta rusa.

Algunos que aseguran cuidarse buscan seropositivos con carga viral indetectable porque “no contagian”. Sobre esto, el infectólogo Luis Trombetta clarifica: “Es cierto que una carga viral baja en sangre disminuye mucho el peligro de transmisión, pero una cosa es que lo reduzca y otra que no haya riesgo”. Esta confusión también la tienen algunos “negativizados”. “Conmigo no hay problema porque soy indetectable”, asevera uno. “Los que dicen eso son psicópatas, se mienten a sí mismos para justificarse”, explica Sapetti.

Entre heterosexuales

A diferencia del ambiente gay, la búsqueda de sexo sin protección por Internet entre heterosexuales casi nunca es explícita. Excepcionalmente, una chica invita a “fiestitas” a través de un grupo bareback de Facebook donde conviven homo y bisexuales. GuzmanFreeSex cuenta que con las mujeres evita ser directo porque eso puede frustrar su propósito. “Yo levanto chicas por varias páginas y a otras por la vida, pero en todos los casos uso la misma táctica: una muy buena previa y luego sí, a pelo. No les doy tiempo a reaccionar, y muchas agarran viaje.”

Pero el mundillo del sexo inseguro no se limita a la Web. “¿Alguien va a Los Fiesteros?”, pregunta uno en el grupo de Facebook. “Organicemos algo en algún sauna o cine”, propone otro. “Mejor vayamos a un bar hot”, sugiere un tercero.

Aunque ningún lugar lo promociona, todos saben que los espacios gay para sexo rápido y anónimo son también ideales para el bareback . Y un recorrido por varios de ellos lo corrobora. El grupo Los Fiesteros, que funciona en una disco de Retiro, promueve el cuidado mediante la distribución de preservativos, pero en su sitio web admite que es imposible controlar “que todos lo cumplan”. “Si alguien me pregunta si tengo VIH, yo le respondo que sí, pero acá nadie pregunta nada”, dice en un club leather de Barrio Norte el mismo hombre que cree no infectar por ser indetectable.

Para este tipo de relaciones, los heterosexuales eligen los clubes swinger. “Entre las verdaderas parejas swinger , el sexo seguro es irrenunciable; siempre hay dos para garantizar que uno de ellos no se tome libertades peligrosas, pero los boliches son otra cosa porque desde hace años va gente que no es del ambiente: solos, solas y travestis”, diferencia el director de la revista SW Entre Nosotros, Daniel Bracamonte. “Nosotros siempre usamos preservativos, aunque nos comentaron que hay grupos o parejas que no lo hacen”, amplían Santiago y Laura, mentores de un conocido grupo SW.

Según Carlos Falistocco, titular de la Dirección Nacional de Sida, el sexo sin protección no creció. “Los datos oficiales no indican eso, sólo se hizo más visible con la Web y una mayor oferta de lugares para sexo“, expresa.

En la Argentina, como en el resto del mundo, la mayoría de los nuevos casos de VIH obedecen al sexo inseguro. En efecto, hoy ésa es la vía de transmisión en el 90% de las mujeres y en el 88% de los varones (el 48% con una mujer y el 40% con otro varón), pero según el Ministerio de Salud, en el último lustro los nuevos casos se estabilizaron en 5000 por año, cifra que varias ONG, como la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH-Sida (ICW) cuestionan. En otras ITS, a nivel nacional, tampoco se observan cambios. Salvo en grandes centros urbanos como la Capital y el Gran Buenos Aires, donde hasta noviembre de 2012 los números ya superaron los de 2010 y 2011 o muestran una tendencia alcista.

“Estamos en alerta porque, salvo en el caso de la gonorrea, las cifras no disminuyen; se mantienen o aumentan. Además, aún no se investiga otra infección llamada clamidia”, afirman la directora del Programa Provincial de Prevención de ITS/Sida, Sonia Quiruelas, y Antonio Parisi, responsable del Programa de ITS y Epidemiología. Y agregan: “Hay que estar atentos a los datos de las grandes ciudades porque son enfermedades sociales. En los 80 hubo una baja importante por temor al sida, pero luego el uso del preservativo se estancó en un 25%. Con los antirretrovirales pasó lo mismo que con la penicilina: cuando aparecieron, algunos dejaron de cuidarse”.

Sea adrede o por inconsciencia, el sexo desprotegido no es cosa de marginales, sino de gente común de diferente orientación sexual, edad y nivel socioeconómico. Patricia Pérez, titular de la ICW, afirma: “No convalidamos prácticas suicidas. Acá hay una confusión: se piensa que el sida ya fue, que con la medicación está todo bien. Pero yo, como positiva que soy, sé que no es así. Los antirretrovirales tienen efectos secundarios, hay que tomar cuidados extras, hacerse análisis. La mitad de los que están infectados lo desconoce porque no se testea. Si alguien cree que esto es un trámite, se equivoca”

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